La realidad Acerca de Jesucristo Sumo Y Eterno Sacerdote

catolicas 2019-01-13

jesucristo sumo y eterno sacerdote

Esto nos remite a la imagen bíblica del Éxodo, en donde la Coalición entre Yahveh y el pueblo se realiza mediante un ritual de sangre. El segundo ademán se relaciona con el vino, el cáliz es distribuido a los apóstoles, anunciado como la «copa es la novedosa coalición, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes», resaltando de esta manera por segunda vez que la desaparición de Jesús es por el bien de aquellos que él quiere. La semana próxima celebraremos la enorme solemnidad del Corpus Christi, fiesta de tanto arraigo en la piedad cristiana y católica de Piura y Tumbes. Con mal este año no podremos tener la tumultuaria y clásico procesión eucarística, pero ello no es obstáculo a fin de que renovemos nuestra fe y amor en la presencia real del Señor Jesús en el Muy santo Sacramento del Altar. La celebración de la celebración de Jesucristo, Sumo Sacerdote y Rey, debe ser contemplada, para todos los católicos, como un día intensamente sacerdotal. Un día para querer y venerar el sacerdocio de Jesucristo, que a su vez está aunado al sacerdocio de sus ministros. En muchas diócesis se festeja asimismo en este día la Jornada de santificación de los curas.

El presbítero colabora con el obispo en la totalidad de sus funcionalidades de gobierno de la Iglesia. Todo cuanto trabajamos por este planeta solamente dura hasta la desaparición, ya que la desaparición, interponiéndose, corta el fruto de nuestro trabajo. Pero lo que se hace por la vida eterna pervive aun después de la muerte, y entonces comienza a manifestarse, en el momento en que desaparece el fruto de las obras de la carne. Principia, pues, la retribución sobrehumano donde termina la natural.

Meditación 19 De Diciembre

“Él, en los días de su historia en la tierra, ofreció con gran lamento y lágrimas oraciones y súplicas al que podía salvarle de la muerte, y fue escuchado por su piedad filial, y, aun siendo Hijo, aprendió por los males la obediencia. Y, llegado con perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos y cada uno de los que le obedecen, puesto que fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote “según el orden de Melquisedec”. El día de hoy nos ocuparemos de la gracia de Cristo, o dicho de otra forma, del sacerdocio de Jesús. En efecto, los amigos seleccionados de Dios doman su carne, fortalecen su espíritu, vencen a los demonios, relucen en virtudes, desprecian lo presente y predican con proyectos y con expresiones la patria eterna; además, la adoran más que a la vida; tienen la posibilidad de ser llevados a la desaparición, pero no doblegados. En el momento en que nos movemos a ras de tierra, nos señala el cielo.

  • Esto los hace comandar la asamblea litúrgica “en la persona de Cristo”.
  • En el momento en que Jesucristo instauró la Eucaristíacomo memorial de su muerte y resurrección, instauró también elOrden Sacerdotalpara poder celebrar la Eucaristíaen memoria suya.
  • De ahí que la Misa es el centro de nuestra vida cristianay la expresión más plena de nuestro ser Iglesia.

Es requisito como la escoba a fin de que esté limpia la casa. Pero a absolutamente nadie se le sucede poner la escoba en la vitrina. El sacerdote disculpa los pecados, es instrumento de la misericordia de Dios. En un planeta lleno de rencores y envidias, el sacerdote es portador del perdón. Está siempre presto a recibir confidencias, descargar conciencias, calmar desequilibrios, a sembrar confianza y paz.

Predicar, bautizar y festejar la eucaristía son las funcionalidades esenciales del sacerdote. Las funciones del obispo y las del sacerdote, las funcionalidades del sacerdote y las del diácono, no están acotadas entre sí de manera absoluta; las funciones respectivas son asignadas por el derecho, pero este derecho no es un todo inmutable. La validez de las ordenaciones es dependiente de la actuación de la Iglesia tomada en su integridad, y no del acto sacramental considerado aisladamente. La validez o no validez de una ordenación no es algo que se logre saber tomando como base el rito, con independencia del marco general de la misma. El Orden sacramental es una dimensión fundamental para la Iglesia, y por eso fue incluido entre los sacramentos. El obispo, el sacerdote, el diácono no tienen de suyo nada del sacerdote romano, que era un funcionario del culto público, tenía cierto rango y tenía que efectuar determinados actos. El “sacerdocio” católico pertenece a otro orden; no es primariamente “espiritual” ni cultual, sino más bien atractivo; es el ordo de los que han recibido el espíritu y, en virtud de su orden, están habilitados para proseguir la obra de los apóstoles.

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Pero no sería fiel a la tradición quien pretendiera defender que las funciones del sacerdote son de naturaleza rigurosamente sacramental y cultural. Asimismo es función del sacerdote proclamar la palabra de Dios. Exactamente la misma Cena, donde el Señor llama a su sangre “sangre de la coalición”, lo pone de manifiesto, ya que no hay ningún rito de coalición sin una proclamación de la palabra de Dios a los hombres. El hecho de la coalición es al mismo tiempo acción y palabra. El Padre, cuya voluntad ha venido a cumplir, lo ha constituido Pontífice de la Coalición Novedosa y eterna por la unción del Espíritu Beato, y determinando, en su designio salifico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. Para eso, antes de fallecer, elige a unos hombres a fin de que, en virtud del sacerdocio ministerial, bauticen, proclamen su palabra, excusen los errores y renueven su sacrificio, en beneficio y servicio de sus hermanos. Él es la Cabeza, a la cual desea juntar a todos los hombres, que transformados en sacerdotes, darán gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu, e incorporados a la Cabeza, van a ser corredentores con El de toda la humanidad.

De ahí que nuestra primera función pastoral, después de comunicar el evangelio, es la de festejar la eucaristía mejorando y perpetuando en el tiempo la oblación de Cristo y haciéndola próxima a los hombres. Para hacer más simple esta bella situación, especialmente cuando se reúnen varios curas, el concilio Vaticano II recuperó y extendió la concelebración eucarística como manifestación de la unidad del sacerdocio y signo de comunión y de fraternidad en el presbiterio (cf. SC 58; LG 57; PO 7 y 8). El día de hoy, festejamos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, de ahí que ahora mismo de la meditación quisiese dirigirme a los curas quienes participamos del sacerdocio de Cristo, puesto que el enorme y sumo Sacerdote es el Señor Jesús. Como asegura la carta a los Hebreos, con su sangre penetró una vez para toda la vida en el santuario, consiguiéndonos una redención eterna .

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El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se festeja la celebración de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesia universal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.

Este año hemos amado dedicar nuestra fiesta anual de gratitud y de homenaje a los presbíteros que festejan su jubileo de plata de oro y de diamante a nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia. Pues, no en vano, en la Carta a los Hebreos nuestro Redentor es reconocido y proclamado “Sumo Sacerdote misericordioso y leal en lo que a Dios se refiere” .

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b.- La felicidad habitual en Cristo, que en no se llama santificante, forma parte al orden y al género de accidente. El Concilio de Trento, al hablar de la Santa Misa, asegura que el sacerdocio de Jesucristo es según el orden de Melquisedec, cuando ha finalizado el sacerdocio levítico por su imperfección . El Concilio de Éfeso, condena al que separe en Cristo al sacerdote del Verbo de Dios .

Para esta misa pueden utilizarse asimismo el formulario de la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote. Nos anima y sostiene saber que tenemos exactamente el mismo Jesús, pues desde el día de nuestra ordenación en que se nos impusieron las manos para consagrarnos curas del Señor para siempre, y de este modo accionar como otros Cristos, quedamos bajo la custodia del hueco de sus manos, es decir quedamos bajo la custodia de la inmensidad de su Amor. Nos sostiene saber que tenemos como Madre a exactamente la misma Madre de Dios. No nos cansemos de mirar siempre a María, de invocarla en todo momento. Como hijos verdaderos y predilectos suyos que somos, amémosla con profunda piedad filial, o sea con los sentimientos nobles y puros del Sagrado Corazón de Jesús.

Asociado al tema de la santidad de Cristo, está el de su impecabilidad. En algunas ocasiones “ciertos teólogos” se han atrevido de modo blasfemo a poner en Cristo pasiones humanas que son fruto del pecado o de la concupiscencia. Tal es el caso en el momento en que se insinúan amores un poco lujuriosos de Jesucristo con María Magdalena. La plenitud de la santidad de Jesucristo y la realidad de la felicidad de unión, provoca que Cristo no conociera el pecado.

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Según el Antiguo Testamento, antes de Jesús, el pueblo hebreo tenía un sacerdocio válido, escogido por Dios, para ofrecer sacrificios a por los errores de los hombres . Hoy celebramos a Jesucristo, el primer sacerdote de la Iglesia. Debemos corresponder su sacrificio de amor y dejarnos guiar por sus ministros en la Tierra. El sacrificio de Cristo en la cruz sobrepasa todos los sacrificios del Antiguo Testamento por el sacerdote que lo proporciona, la víctima ofrecida y la unión entre el sacerdote y la víctima. Lo mismo que Dios concedió el espíritu de profecía a los setenta ancianos que había llamado Moisés a formar parte con en el gobierno del pueblo, de esta manera también comunica a los sacerdotes el Espíritu Santo para que se asocien al ministerio de los obispos.

De este modo pertenecemos a tu Reino en la tierra, haciéndonos tu pueblo santurrón. “Así, , el sumo y eterno Sacerdote, accediendo en el santuario eterno a través de la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”. El primer sitio donde encontramos la palabra usada en la Biblia es en Génesis 14.

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En la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, asimismo recordamos que, por el Bautismo, somos incorporados al Cuerpo de Cristo. Con Él constituimos un pueblo sacerdotal, profético y real. El gusto de Dios no es por la muerte de su Hijo, sino por Su amor sacrificado en la Cruz.

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